lunes, 9 de abril de 2012

UNA BACHELET PARA MÉXICO

Cuando Michelle Bachelet Jeria caminó por el pasillo central del Congreso Nacional de Chile en Valparaíso para convertirse en la primera Presidenta de la República de Chile fue recibida con una larga y estremecedora ovación. Sus hijos, su madre, un salón atestado de gente, le dieron la bienvenida de pie entre aplausos y silbidos; en ese recinto los asistentes sabían que estaban por presenciar un momento histórico no sólo para Chile, sino también para Latinoamérica y el mundo.
La ceremonia de investidura comenzó y de repente, alguien rompió el silencio y la solemnidad del acto. Todos escucharon el grito espontáneo y emocionado de aquel hombre: " ¡Te amamos, Michelle!". Y en medio de una nueva ovación la Presidenta electa, conmovida, se llevó las manos al corazón en un gesto de humildad y gratitud.

La mayoría de las ciudadanas y los ciudadanos chilenos que acudieron a las urnas expresaron a través del voto su reconocimiento hacia la protagonista de una trayectoria honesta y entregada al servicio público; el 11 de marzo de 2006 un pueblo lleno de júbilo y esperanza se volcó a las calles de Santiago para acompañar a Michelle en el camino a la Casa de Moneda, para dar inicio a una hazaña colectiva que pretendía convertir en realidad aquella visión que propuso Bachelet de lograr un país más unido, justo, humano y solidario.


Michelle en diversas entrevistas lo ha mencionado, "Creo que Chile es hoy un país más maduro, que votó por una mujer que es socialista, separada y agnóstica". Sin embargo, las y los electores pusieron su mirada e interés no sólo en esos atributos: depositaron en ella la confianza de llevar las riendas de Chile porque se identificaban con su historia personal y porque sabían que Bachelet tenía las habilidades de liderazgo y mando necesarias para una gestión sensible, participativa y eficaz tal como ya lo había demostrado al dirigir el Ministerio de Salud y el de Defensa.

Michelle Bachelet: el perfil de una líder y directiva eficaz

Durante varios años de investigación mi labor se ha centrado en el estudio de los estilos de liderar y dirigir de mujeres que ocupan cargos de mando y decisión en gobiernos y empresas. En los programas formativos de habilidades de liderazgo y dirección para mujeres que imparto, el análisis de los casos de mujeres que han logrado una gestión exitosa es una actividad fundamental, y la historia de Michelle Bachelet es un referente obligado debido a que ilustra de modo sobresaliente el perfil deseable en una mujer líder, directiva y estadista.

En ocasiones solemos utilizar los términos liderazgo y dirección de manera indistinta, pero en realidad, liderar y dirigir son dos actividades diferentes. En el proceso del liderazgo la autoridad se ejerce a través de la influencia personal (el carisma, el ejemplo, el convencimiento, la cercanía con los seguidores); la mujer que es líder logra inspirar e influir en los demás transmitiendo una visión (un estado deseable de las cosas) y la necesidad de emprender un proceso de cambio; para lograr lo anterior, una líder no requiere ocupar un cargo formal que le dé poder. En el caso de la dirección, la autoridad la confiere el cargo ocupado por la directiva y desde ahí emana la autoridad para dirigir a sus colaboradores hacia el cumplimiento de metas y la obtención de resultados. La historia de Michelle es muy valiosa porque describe, como lo veremos a continuación, a una mujer competente tanto para liderar como para dirigir.

Michel Bachelet Jeria (1951) nació en Santiago de Chile en un entorno familiar de ideas progresistas. Su padre y mentor, Alberto, fue brigadier general de la Fuerza Aérea Chilena, lo cual hizo que Michelle creciera cercana al medio militar; su madre, Ángela, estudió arqueología y fue profesora universitaria. En su juventud, Michelle fue jefa de grupo en su colegio, líder estudiantil en asuntos políticos durante el gobierno de Unidad Popular de Salvador Allende y también integrante del movimiento de las Juventudes Socialistas.

Cuando Augusto Pinochet efectuó el golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende en 1973, el padre de Michelle fue encarcelado por negarse a participar en el mismo y se le acusó injustamente de "traición a la patria". Un día, a consecuencia de los interrogatorios y torturas murió por un problema cardíaco a manos de los que alguna vez fueron sus compañeros militares. En 1975, Michelle y su madre fueron capturadas y llevadas a la Villa Grimaldi , un centro de detención en donde también fueron sometidas a apremios físicos; meses después lograron exiliarse en Australia y Alemania, en donde Michelle ingresó a la Universidad de Humboldt a la facultad de Medicina. Su regreso a Chile fue hasta 1979 y en 1982 se tituló como médica, especializándose posteriormente en pediatría y salud pública.
Fue hasta 1990 que la democracia se restableció en Chile y cuando Michelle fue contratada como epidemióloga trabajando para el Servicio de Salud Metropolitana de Chile y Conasida, luego como consultora de la Organización Panamericana de la Salud , la Agencia Alemana de Cooperación Técnica y la Organización Mundial de la Salud.

Michelle habla castellano, inglés, alemán, francés y portugués; se especializó en estrategia militar tomando un curso en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANAPE) en donde logró ser la mejor de su clase, ganado así el patrocinio de la beca Presidente de la República para efectuar otro curso de Defensa Continental en la Academia de Asuntos Políticos y Estratégicos en Washington DC (1997) junto a militares de todo el continente americano. Al volver a Chile fue contratada como asesora por el Ministerio de Defensa y fungió como directora de la campaña política de quien luego sería presidente de Chile, Ricardo Lagos.
En el año 2000 Michelle fue nombrada Ministra de Salud teniendo a su cargo a más de 70,000 funcionarios y trabajó haciendo profundas reformas para el acceso universal e igualitario de las ciudadanas y los ciudadanos al sistema de salud pública; otra contribución importante fue la promulgación de una ley que hoy permite la distribución gratuita de la píldora anticonceptiva poscoital en los establecimientos públicos de salud.

Fue en 2002, cuando el presidente Lagos le encomendó el cargo de Ministra de Defensa convirtiéndose en la primera mujer de Chile y de América Latina en ocupar dicho puesto. Michelle entró entonces a dirigir el ministerio de las mismas fuerzas militares involucradas en la muerte de su padre y que en algún momento actuaron en contra de su madre y de ella misma. Durante su gestión como Ministra de Defensa, Michelle realizó acciones de gran trascendencia para un pueblo lastimado por la dictadura de años pasados basadas en la superación del rencor, el desechamiento de ideas de venganza, la demanda de justicia y la reparación histórica. En diversas ceremonias las Fuerzas Armadas pidieron un perdón público a la sociedad civil y Michelle reestableció el honor de su padre, el general Bachelet, y el de otras víctimas.

En su gestión a la cabeza del Ministerio de Defensa modernizó las fuerzas castrenses, incrementó la participación en operaciones multinacionales de paz en el exterior e instauró la política de igualdad de oportunidades para las mujeres en el ejército, el cuerpo de carabineros y la policía de investigaciones.

En el invierno de 2002, se produjeron fuertes inundaciones en Huechuraba, dentro de la zona metropolitana de Santiago; ante esta emergencia, Michelle salió a recorrer las áreas afectadas y a dirigir operaciones de rescate a bordo de un tanque militar. Mientras la gente miraba sorprendida las imágenes difundidas por televisión de la Ministra Bachelet con su impermeable y encima de la tanqueta, se hizo patente que ella era una funcionaria pública que iba a donde estaban los problemas y las personas con necesidades específicas: ese estilo de dirección asociado a la sensibilidad, a la respuesta inmediata, a la cercanía con el pueblo, pero sobretodo a su eficacia, la convirtió en la Ministra con mayor popularidad dentro del gabinete.
Fue hasta 2004 cuando Michelle renunció al Ministerio de Defensa para contender por la Presidencia de la República contando ya con un gran apoyo popular. Bachelet ganó las elecciones presidenciales con un 53.9% de los votos convirtiéndose en la primera mujer en llegar al máximo cargo gubernamental: Presidenta de la República de Chile.

A continuación un fragmento del discurso de Michelle Bachelet al ser electa Presidenta, recordando a quien fue una figura que la influyó e inspiró en su vida y en su carrera:
"Hay alguien que en este momento estaría muy orgulloso. Un hombre al que quisiera poder abrazar esta noche. Ese hombre es mi padre. Alberto Bachelet Martínez, general de la Fuerza Aérea de Chile. Heredé de él su amor por Chile y por todos los chilenos, sin distinciones. Su admiración por la naturaleza formidable de nuestro país. Su abnegado sentido del servicio público. Su amor por el orden, su don de mando. Siento que de alguna manera inexplicable estoy cerca de él. Intuyo que todos los padres que están aquí, que todos los hombres que son padres y me escuchan, saben lo que es el amor y la lealtad de una hija."

La gestión de Bachelet se caracterizó por la superación de la tragedia familiar a causa de la dictadura de Pinochet que le permitió encabezar un proceso de reconciliación nacional; por una notable trayectoria académica y en el desempeño del servicio público; por una lealtad consistente y adherida a sus convicciones socialistas plasmada en la creación e implementación de un gobierno sensible y "con sello social" y por tener las habilidades necesarias para gobernar a través de un estilo propio, femenino, firme y capaz de crear consensos.

Dentro del mandato de Bachelet hubo grandes y numerosos aciertos, sin embargo, en su segundo año de gobierno se enfrentó a uno de los momentos más difíciles a causa de la implementación del sistema de transporte público urbano denominado Transantiago, el cual al ser iniciado prematuramente llegó a operar con un gran déficit económico y sin resolver las necesidades de un traslado eficiente para los habitantes de la ciudad de Santiago. Los largos tiempos de espera, el mal trazado de las rutas y la calidad deficiente de las unidades utilizadas fueron algunas de las fallas del sistema Transantiago que generaron un profundo malestar social.
En un mensaje a la Nación Michelle comentó: "El Transantiago ha sido una mala experiencia que no se volverá a repetir". Designó al Ministro de Transporte, René Cortázar, para hacer cambios urgentes dado el caos y las aglomeraciones producidas por la deficiencia del sistema de transporte. Si bien finalmente la responsabilidad del problema del Transantiago fue atribuida por la Comisión al gobierno anterior del Presidente Lagos y sus ministros de Transporte y Obras Públicas, este fue un incidente que puso a prueba a la Presidenta y que tuvo un alto costo político para su Gobierno (hubo un decremento en su índice de aceptación al 42% en aquella época); aunque se le eximió de responsabilidad directa, fue Bachelet quien lidió con la crisis del Transantiago y gradualmente resolvió un asunto de gran impacto en la vida cotidiana de los habitantes de la capital del país.

Michelle Bachelet ejerció como Presidenta de la República de Chile desde 2006 hasta el 10 de marzo de 2010 y al salir del cargo lo hizo con una cifra histórica de aprobación de 84% aún después del incidente previamente mencionado, y del terremoto y el maremoto que impactaron al país en febrero, en sus últimos días de gestión.

En reconocimiento a su labor, Bachelet ha sido investida como doctora honoris causa por la Universidad de la Sorbona de París, la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, la Universidad de Brasilia, la Universidad San Carlos de Guatemala, las Universidades Libre de Berlín y de Humboldt, entre otras. Actualmente es Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas y Directora Ejecutiva de UNWomen, la entidad de las Naciones Unidas encargada de trabajar por la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en el mundo.
Bachelet es una de las mujeres líderes más prominentes de la historia. Su vida, sus ideas, su estilo de comunicación cálido, sencillo y directo, su visión para liderar la reconciliación nacional tan necesaria en Chile, su capacidad estratégica como mandataria para gestionar la economía más desarrollada de América Latina consolidando un modelo moderno de bienestar social en el contexto de una crisis económica mundial, su interés y trabajo por el desarrollo de las mujeres de todas las culturas, entre otras cuestiones, la han convertido en una de las pensadoras más influyentes a nivel global.

El perfil deseable de una primera Presidenta de México

En Latinoamérica diversas mujeres ya habían ocupado cargos presidenciales antes que Bachelet. Tres lo habían hecho de forma interina: la boliviana Lydia Gueiler (1979-1980), la haitiana Ertha Pascal-Trouillot (1990-1991) y María Estela Martínez de Perón en Argentina supliendo a Juan Domingo Perón (1974-1976); en los casos de Violeta Barrios de Chamorro de Nicaragua (1990-1997), de Mireya Elisa de Moscoso de Panamá (1999-2004), de la guyanesa Janet Jagan (1997-1999) y de Cristina Fernández de Kirchner (ejerciendo el cargo como presidenta de la nación argentina desde 2007 hasta la actualidad) fueron elegidas en las urnas, sin embargo sus trayectorias estuvieron o están asociadas a ser esposas o viudas de políticos prominentes. Es justo señalar que el recorrido de Bachelet hacia el cargo presidencial se caracterizó por el esfuerzo individual, sus logros y el mérito personal.
Michelle Bachelet ganó las elecciones no sólo aludiendo a su género, a ser mujer: ella mostró un compromiso real con la generación de políticas públicas y programas con perspectiva de género que mejoraron la calidad de vida de las chilenas. Llegó al cargo presidencial por ser una mujer con demostrada competencia y eficacia en los ámbitos en los cuales se desempeñó y por haber sabido equilibrar una gestión dentro de la cual tomó decisiones difíciles pero fundamentadas en el análisis profundo y documentado de los problemas, utilizando inteligencia, estrategia, intuición y sensibilidad.

Hoy en México, después de María del Rosario Ibarra (1982), Marcela Lombardo (1994), Cecilia Soto (1994) y Patricia Mercado (2006) una quinta mujer, Josefina Vázquez, contiende para el máximo cargo gubernamental de nuestro país.
Resulta deseable y necesario que todas aquellas personas -hombres o mujeres- que lleguen a cargos públicos (diputados, senadores o Presidencia del país) tengan la verdadera intención y la capacidad de proponer e impulsar proyectos con perspectiva de género; esto es, desde el entendimiento y el reconocimiento de las relaciones de poder que existen entre ambos géneros (en general favorables a los varones como grupo social y discriminatorias para las mujeres). Sin tener clara esta perspectiva es imposible vislumbrar, proponer e implementar políticas que beneficien a las mexicanas en los ámbitos de la salud, la educación, la economía o la conciliación entre trabajo-familia.

Ante la pregunta "¿Qué anhelaríamos una gran parte de mexicanas y mexicanos encontrar u observar en esa mujer que algún día caminará por el pasillo central del Congreso de la Unión para ser investida como la primera Presidenta de México?" La respuesta sería: Una mujer de liderazgo probado, valiente, competente y consciente de la trascendencia de representar a México ante el mundo; que tenga un discurso potente, incluyente y propositivo; que posea una profunda vocación por el servicio público y una trayectoria con un desempeño comprometido y sobresaliente; que sea elocuente y capaz de expresar con precisión la viabilidad y el alcance de sus proyectos; que genere y exponga ideas creativas, revolucionarias, capaces de encender el entusiasmo y la voluntad colectiva de participar en la solución de problemas históricos; que represente los valores y las convicciones para encabezar un verdadero cambio social.

México cuenta con una gran cantidad de mujeres con habilidades para liderar y dirigir: mujeres que sostienen económicamente sus propios hogares, mujeres que abren y desarrollan empresas, mujeres que ocupan cargos de alta dirección en organizaciones, mujeres profesionistas con carreras brillantes; sin embargo, el número de mujeres en puestos de poder aún no es suficiente. ¿Por qué es tan importante que mujeres preparadas y comprometidas con una perspectiva de género tengan acceso a esos cargos de alta jerarquía o de toma de decisiones en las empresas y en el gobierno de México? Porque las mujeres que ejercen y operan desde esta visión son quienes pueden y deben implementar acciones para empoderar a las demás mujeres desde su propio poder, tal como lo hizo la señora Bachelet.



Fuente http://www.mujeresnet.info/2012/04/una-bachelet-para-mexico.html

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